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viernes, 2 de diciembre de 2016

El enredo de la bolsa y la vida #Reseña



El enredo de la bolsa y la vida
Eduardo Mendoza
Editorial: Seix Barral
Páginas: 272

(Reseña escrita en 2012)

Vuelve el Mendoza más puro con esta historia de enredos y risa fácil y es que como el mismo autor ha confesado, él escribe lo que vende y sin duda este loco detective vende mucho.
Gracias a la estrategia de sacar a la venta el libro trece días antes de Sant Jordi (10 de abril 2012), logró colocarse en el primer puesto de los más vendidos de tan señalado día, y probablemente, Eduardo Mendoza también consiguió una luxación en la muñeca de tanto firmar ejemplares, ya que había que coger número y esperar en una cola bastante infinita para conseguir que la firma del autor acabara en la primera página del libro. Sin duda alguna y después de haber terminado la novela, vale la pena la espera, vale la pena el dinero gastado y el seguir tirando de la cuerda de este detective sin nombre al que se le coge cariño desde la primera página.

El enredo de la bolsa y la vida es la cuarta parte de las aventuras de un alocado detective de poca monta, que ya empezó en 1979 con El misterio de la cripta embrujada. Su anónimo protagonista ha pasado sus días entrando y saliendo de un manicomio en el que se encontraba recluido por orden de la justicia. En los periodos de tiempo que estaba fuera de la institución se veía obligado a resolver misterios que le llevaban a situaciones disparatadas y rocambolescas, con aliados un tanto cutres y una sarta de disfraces que el protagonistas se saca de la manga a la primera oportunidad.

En esta nueva entrega de sus aventuras, encontramos a nuestro protagonista regentando la peluquería en la que lo dejamos en La aventura del tocador de señoras (tercera parte), agobiado por el calor y la crisis que asola el país, apenas tiene recursos para comer y su existencia es más bien monótona hasta que se reencuentra con Rómulo el Guapo, compañero del manicomio, que le propone un último golpe. Nuestro peluquero favorito se niega a colaborar dada su honrada vida actual, pero es incapaz de mantenerse al margen cuando Rómulo desaparece sin dejar rastro. Con unos cómplices más bien cutrecillos, unos recursos más que limitados y presionado por la familia Siau que quieren convertir la peluquería en un restaurante chino, el protagonista de la historia es capaz de ir desatando los hilos de un caso que puede ocasionar un problema de coyuntura internacional.

Eduardo Mendoza, tras el ganar el Premio Planeta 2011 con Riña de gatos una novela con tintes de comedia aunque dejándonos un texto totalmente descafeinado y más plano del que nos tiene acostumbrados, ha vuelto con esta nueva novela que rescata la más pura esencia del autor, con enredos, situaciones imposibles, personajes de lo más disparatados y con este protagonista que a pesar del tiempo no ha perdido su frescura y su originalidad. Sin duda alguna una novela que gracias a su humor negro y altamente inteligente logra despejarnos, de lectura rápida y distendida, pero con ese toque peculiar propio de Mendoza que no deja a nadie indiferente.

Colección:
El misterio de la cripta embrujada (1979)
El laberinto de las aceitunas (1982)
La aventura del tocador de señoras (2001)
El enredo de la bolsa y la vida (2012)
El extraño caso de la modelo extraviada (2015)

lunes, 8 de febrero de 2016

Cuando éramos ángeles #Reseña



Cuando éramos ángeles
Beatriz Rodríguez
Editorial: Seix Barral
Páginas: 249

Las redes sociales me llevaron a comprar esta pequeña obra de arte y no me refiero a pequeña por su valor, si no por su tamaño, apenas 249 páginas en las que conocemos a todos los personajes y revivimos todas sus historias, desde que eran ángeles.
Cuando éramos ángeles, nos cuenta la historia de Fuentegrande, un pueblo pequeño con sus tradiciones, con sus habitantes y con sus casas encaladas en las cuales los secretos se guardan bajo llave. En este escenario una familia que realiza una excursión se encuentra con algo que perturbará a todos los vecinos, el cadáver de Fran Borrego. Durante las páginas Beatriz Rodríguez nos trenza perfectamente la historia de Clara, encargada del periódico del pueblo, que no duda en preguntar a diestro y siniestro a todos en busca de respuestas sobre el asesinato de su vecino, mientas lucha con el dolor de la reciente muerte de su marido. Por otro lado nos cuenta con todos los detalles las aventuras que vivieron los jóvenes del pueblo cuando se conocieron años atrás, entre ellos, está Fran, Eugenia, María, Rosario, Alfonso o Roque. 

Con el paso de los capítulos los conocemos a todos a la perfección y sobretodo los vemos crecer y pasar de su inocencia a las complicaciones que la sexualidad y la juventud les puede acarrear. La autora no se anda con tonterías, evita las descripciones inútiles y se centra en una narración precisa, que te obliga a permanecer pegada a las páginas gracias a su fluidez y con una facilidad para los diálogos que ya me gustaría mi tener. Además va dejando pistas sutiles que hacen que queramos saber más. Por otro lado, y a pesar de evitar las descripciones, es cierto que nos mete de lleno en el ambiente del pueblo, que en este caso es Fuentegrande, pero que puede ser cualquiera de los pueblos cerrados que aún hoy existen en nuestra geografía, con sus costumbres machistas y sus estatus sociales y la peligrosidad de las lenguas afiladas que cuentan secretos.

Debo decir que he sentido especial predilección por Clara y Chabela por su amistad sincera y sus conversaciones. De Clara admiro su entereza a pesar de los acontecimientos anteriores a la historia, la muerte de su marido y de Chabela su valentía a la hora de guardar su secreto, que finalmente acaba siendo un secreto a voces.
Sin duda lo que más me atrae de la novela, es que a pesar de la investigación y la intuición final de Clara, el lector es el único que finalmente conoce todas, o casi todas, las respuestas (Beatriz Rodríguez, necesitaría una aclaración...), y otra cosa que me ha encantado es que al contrario de todas las novelas que he leído hasta ahora sobre un asesinato, esta ha sido la única en la que me ha costado mucho averiguar quién era el asesino hasta último momento.

Como única pega, por ponerle una, es la afición de todos los personajes al alcohol, puede ser cierto que en los pueblos se beba un poco más de la cuenta, pero lo de Fuentegrande es un poco exagerado para mi gusto. Por lo demás, la recomiendo mucho, es una novela ligera, pero que se queda muy cerca de nosotros durante bastante tiempo.